No hay porqué estar triste. Lo aprendí de pequeña. Que sea cual sea la razón, nunca llore. Llorar es decirle al mundo que no puedes, que no estás preparada, y puede que sea demasiado orgullosa para hacerlo, y quizás por eso no lo hago.
Y tampoco duro mucho enfadada, o deprimida. Lo mismo que la semana pasada lo vi todo negro, y me despedí, y les dije a todos adiós hoy veo la vida con otro color, con otra esencia, con otra mirada. Hoy veo el mundo, y sonrío. Miro la gente, los pequeños detalles, los grandes... Hoy lo veo TODO... y me encanta.

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